Jueves Santo 2021


02 de abril de 2021. 19:00h.

El pasado jueves 1 de abril, se celebró en la Catedral de Mallorca, la Misa de la Cena del Señor del Jueves Santo.



Por segundo año consecutivo no pudo repetirse el gesto realizado hace dos mil años por Jesús con sus discípulos con la ceremonia de lavar los pies. En la Eucaristía de la Santa Cena en la Catedral participaron numerosos fieles y sacerdotes, en actitud de oración e intimidad con Jesús, siguiendo las normas de seguridad por la Covid-19.

Así, el obispo de Mallorca presidió la Eucaristía de la Cena del Señor en la Catedral recordando que la mesa de la Eucaristía, incluso en este tiempo de privaciones, recortes y aforamientos limitados a causa de la pandemia, pueda llegar hasta todo el mundo en un día tan importante para los cristianos: "Celebramos el día en el que Jesús nos hace el don del sacerdocio y de la Eucaristía, y nos invita a todos a seguir haciendo este gesto de comunión y de servicio a tanta gente que hoy necesita acogida, acompañamiento, ayuda material y espiritual. Por ello, le llamamos el día del amor fraterno porque escuchamos de Jesús el mandamiento nuevo que dará orientación y sentido a toda la vida cristiana: «Amaos los unos a los otros, tal como yo os he amado»."

Monseñor Taltavull invitó a la reflexión sobre el inicio de la Pasión del Señor: "El Evangelio nos ha dado noticia de un gesto significativo y conflictivo a la vez por parte de Jesús y que encuentra la resistencia de uno de los discípulos. El cuadro es impresionante porque contrasta la actitud de dos discípulos, Judas y Pedro, en el momento de definirse ante Jesús. Judas marcado por la traición y Pedro por la negación. Con qué finura lo trata Jesús y saca la mejor de las consecuencias, y es que Jesús quiere hacerles participar de su propia misión, la que consagrará a su vocación a trabajar por la unidad y el servicio, como actitudes incondicionales." Y añadió: "Sabemos de la resistencia de Pedro a dejarse servir por Jesús. Pero, Jesús le dice bien claro que si no está dispuesto a la humildad de este servicio, no es de los suyos. Este año no hacemos la ceremonia de lavar los pies como lo hemos hecho otros años. Pero lo cierto es que a lo largo de todo este tiempo de pandemia, no ha faltado quien se abajase ante un enfermo, quien ayudase a un indigente, o a un paralítico, o a un cojo, i se hiciese constantemente este gesto, que ha podido llegar a muchos. Con una gran conciencia de solidaridad se han ido paliando muchas situaciones que tocaban el límite de su capacidad de gestión. Y cuando llega Jesús y actúa, es entonces cuando pide la conversión, la capacidad de ser humildes, la voluntad de doblar la rodilla y reconocer quién es. El distintivo será una jofaina, agua y una toalla. El servicio humilde de lavar los pies será la credencial que hará creíble toda su dedicación y viables sus resoluciones".

Jueves Santo es día también de valorar el servicio que Cáritas presta a la caridad de la Iglesia: "Por eso está tan estrechamente unida la Eucaristía a la caridad, que vivir estas dos opciones pone al seguidor de Jesús en el centro de su acción salvadora. La limpieza, como ahora lo es por la pandemia referida al cuerpo, después es necesaria la limpieza de corazón, la que abre los ojos a la fe, para ser fiel al mandato del Señor. «Pies limpios», portadores de buenas noticias, como los del mensajero que trae la paz, necesarios para unas «manos limpias» y un «corazón limpio», toda una «vida interior» que regala presencia de Dios y la esparce a su alrededor. Amor y servicio serán las dos palabras claves".

Para finalizar su homilía el Obispo de Mallorca añadió: "Todo ello nos ayuda a vivir lo esencial de la Semana Santa, que es el mandamiento nuevo del amor y la decisión de servir también por amor. No olvidemos que a Jesús le duele encontrar la dificultad de la traición de uno de los suyos, como también la tozudez de los discípulos en admitir que el camino de la cruz es el que lo llevará todo a buen término, a la salvación. Jesús, empero, en esta hora de su entrega, en medio de tanta incomprensión, decepción e incluso traición, nos pide el seguimiento incondicional, embebido del amor que le hace fuerte y de la confianza que le dará seguridad. Y tengamos por bien cierto que, siguiéndolo así a Él, nuestro corazón se abre a la generosidad hacia nuestros hermanos y hermanas que nos necesitan porque están faltos de lo que les es esencial para afrontar cualquier padecimiento presente. Las dimensiones del amor son amplias e infinitas. Optemos por estas dimensiones de visión y que nos abren a un amor fraterno sin fronteras, a una fraternidad universal. Para que sea así, el amor debe recuperar la amabilidad y la ternura, como elementos que pueden suponer un cambio en los corazones humanos, en los hábitos y en los estilos de vida, que es por donde debemos comenzar a trabajar y trazar nuevos caminos. Pidamos al Señor que nos ayude y nos acompañe para hacer realidad entre nosotros y por doquier la civilización del amor."

Al finalizar la eucaristía, tan solo los concelebrantes hicieron la procesión al Monumento, donde se reservó el Santísimo para la adoración.


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